MONICIÓN AMBIENTAL
El Señor nos
invita a encontrarnos con El, como sucedió con la mujer samaritana, a quien
Jesús le descubre el don de su Espíritu que restablece la dignidad de la
persona humana por medio de la comunión de vida y amor. El encuentro con
Jesucristo es fuente de la verdadera alegría que conduce a ser misioneros,
también da origen a un proceso de conversión, comunión y solidaridad.
ORACIÓN COLECTA
Señor, Padre
de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oración y la
limosna como remedio de nuestros pecados, mira con amor a tu pueblo penitente y
restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las
culpas.
Por nuestro
Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
M. Moisés
ante la sed del pueblo de Dios en el desierto acude a Dios. El Señor manda a
Moisés golpear la piedra con el cayado para que brotara agua para el pueblo.
Lectura del libro del Éxodo 17,3-7
En aquellos
días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: “¿No has hecho
salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a
nuestros ganados?”. Clamó Moisés al Señor y dijo: “¿Qué puedo hacer con este
pueblo? Poco falta para que me apedreen”. Respondió el Señor a Moisés:
“Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva
también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré
yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para
que beba el pueblo”. Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y
puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos de
Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: “¿Está o no está el Señor en
medio de nosotros?”.
Palabra de Dios
SALMO RESPONSORIAL Sal 94,1-2.6-7.8-9 (R.: 8)
M. El
salmista nos invita a no endurecer nuestro corazón como lo hicieron los
israelitas en Masá y en Meribá, digamos: R/.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón”.
Venid,
aclamemos al Señor,
demos vítores
a la Roca que
nos salva;
entremos a su
presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos.
R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
“No
endurezcáis vuestro corazón”.
Entrad,
postrémonos por tierra,
bendiciendo
al Señor, creador nuestro.
Porque él es
nuestro Dios,
y nosotros su
pueblo,
el rebaño que
él guía.
R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
“No
endurezcáis vuestro corazón”.
Ojalá
escuchéis hoy su voz:
“No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día
de Masá en el desierto;
cuando
vuestros padres me pusieron a prueba
y me
tentaron, aunque habían visto mis obras”.
R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
“No
endurezcáis vuestro corazón”.
SEGUNDA LECTURA
M. San Pablo
en la carta a los Romanos afirma que por la fe en Jesucristo hemos obtenido la
justificación, accediendo a la gracia y a la esperanza de alcanzar su gloria.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
5,1-2.5-8
Hermanos:
Ya que hemos
recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de
nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta
gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de alcanzar la
gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido
derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En
efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado,
Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo;
por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que
Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por
nosotros.
Palabra de Dios.
M. Escuchemos
atentamente el encuentro de una mujer samaritana con Jesucristo. Este encuentro
cambió toda su vida y la hizo misionera de ese encuentro de fe.
ACLAMACION
ANTES DEL EVANGELIO
Señor, tú eres de verdad el Salvador del mundo;
dame agua viva; así no tendré más sed.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 4,5-42
En aquel
tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que
dio Jacob a su José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús cansado del
camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame de beber”. Sus
discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
“Cómo tú, siento judía, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” Porque los
judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: “Si conocieras el
don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría
agua viva”. La mujer le dice: “Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de
dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio
este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó:
“El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo
le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él
en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. La mujer le dice:
“Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a
sacarla”. Él le dice: “Anda, llama a tu marido y vuelve” La mujer le contesta:
“No tengo marido”. Jesús le dice: “Tienes razón, que no tienes marido: has
tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”. La
mujer le dice: “Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto
en este monte, y vosotros decís que el sitio donde ese debe dar culto está en
Jerusalén”. Jesús le dice: “Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este
monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no
conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de
los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar
culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea
que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en
espíritu y verdad” La mujer le dice: “Sé que va a venir el Mesías, el Cristo;
cuando venga, él nos lo dirá todo”. Jesús le dice: “Soy yo, el que habla
contigo”. En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera
hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: “¿Qué le preguntas o de qué le
hablas?”. La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la
gente: “Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste
el Mesías?”. Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.
Mientras tanto sus discípulos le insistían: “Maestro, come”. Él les dijo: “Yo
tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis”. Los discípulos
comentaban entre ellos: “¿Le habrá traído alguien de comer?”. Jesús les dice:
“Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo
esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la
siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida
eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón
el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis
sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores”. En aquel pueblo muchos
samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: “Me ha
dicho todo lo que he hecho”. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le
rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron
muchos más por su predicación, y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que
tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el
Salvador del mundo”.
Palabra del Señor.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
CEC 1214-1216, 1226-1228: el Bautismo, renacer por
medio del agua y del Espíritu
CEC 727-729: Jesús revela al Espíritu Santo
CEC 694, 733-736, 1215, 1999, 2652: el Espíritu
Santo, el agua viva, un don de Dios
CEC 604, 733, 1820, 1825,
1992, 2658: Dios toma la iniciativa; la esperanza del Espíritu
733 "Dios es Amor" (1JN
4,8 1JN 4,16) y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás.
Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu
Santo que nos ha sido dado" (RM 5,5).
734 Puesto que hemos muerto, o, al menos, hemos sido
heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la remisión de
nuestros pecados. La comunión con el Espíritu Santo (2CO 13,13) es la
que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida
por el pecado.
735 Él nos da entonces las "arras" o las
"primicias" de nuestra herencia (cf. RM 8,23 2CO 1,21): la
vida misma de la Santísima Trinidad que es amar "como él nos ha
amado" (cf. 1JN 4,11-12). Este amor (la caridad que se menciona en 1Co
13) es el principio de la vida nueva en Cristo, hecha posible porque hemos
"recibido una fuerza, la del Espíritu Santo" (AC 1,8).
736 Gracias a este poder del Espíritu Santo los hijos
de Dios pueden dar fruto. El que nos ha injertado en la Vid verdadera hará que
demos "el fruto del Espíritu, que es caridad, alegría, paz, paciencia,
afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza"(GA 5,22-23).
"El Espíritu es nuestra Vida": cuanto más renunciamos a nosotros mismos
(cf. MT 16,24-26), más "obramos también según el Espíritu" (GA
5,25):
«Por el Espíritu Santo se
nos concede de nuevo la entrada en el paraíso, la posesión del reino de los
cielos, la recuperación de la adopción de hijos: se nos da la confianza de
invocar a Dios como Padre, la participación de la gracia de Cristo, el podernos
llamar hijos de la luz, el compartir la gloria eterna (San Basilio Magno,Liber
de Spiritu Sancto, 15, 36: PG 32,132).
HERMENÉUTICA BÍBLICA DE LA FE
Entre los
numerosos encuentros de Jesús encontramos a la mujer samaritana. “Una
característica común a todos estos episodios es la fuerza transformadora que
tienen y manifiestan los encuentros con Jesús, ya que "abren un auténtico
proceso de conversión, comunión y solidaridad” (EA 8). A esta mujer, que además
es presentada como pecadora “Jesús revela la profundidad del verdadero culto a
Dios, al cual no interesa el lugar sino la actitud de adoración "en
espíritu y verdad” (San Juan Pablo II). Es clave, además, el encuentro con
Jesucristo resucitado, como sucedió con el apóstol Pablo, tal experiencia de fe
es descrita como una revelación del Hijo de Dios.
En cuanto a que el Señor tiene sed material, san Agustín
lo refiere a la fe de la samaritana, santa Teresa de Liseaux al amor de la
criatura. En el prefacio de la Misa de este día se afirma que Jesús “quiso estar sediento" de la salvación de la samaritana, para
"encender en ella el fuego del amor divino”. La sed
material del Señor “es signo de una realidad mucho
más profunda: expresa el deseo ardiente de que su interlocutora y los paisanos
de ella se abran a la fe… Y el Señor se revela como el que ofrece el agua viva
del Espíritu, que sacia para siempre la sed de infinito de todo ser humano…
"quiso estar sediento" de la salvación de la samaritana, para
"encender en ella el fuego del amor divino"” (San Juan
Pablo II).
La conexión entre Jesucristo y el
agua viva es contundente. “Si hay una sed física del agua indispensable para
vivir en esta tierra, también hay en el hombre una sed espiritual que sólo Dios
puede saciar… Jesús pone en marcha en su interlocutora un camino interior que
hace surgir en ella el deseo de algo más profundo… manifestando así que en toda
persona hay una necesidad innata de Dios y de la salvación que sólo él puede
colmar. Una sed de infinito que solamente puede saciar el agua que ofrece
Jesús, el agua viva del Espíritu” (Benedicto XVI).
El agua
aparece asociada como signo sacramental al bautismo, el agua “como símbolo de la gracia divina, que da la vida eterna.
En el centro de la liturgia del tercer domingo de Cuaresma se encuentra la
verdad sobre la gracia” (San Juan Pablo II). En cuanto al pozo, “Jesús es la fuente; de él brota la vida divina en el hombre. Sólo hace
falta acercarse a él, permanecer en él, para tener esa vida. Y esa vida no es
más que el inicio de la santidad del hombre, la santidad de Dios, que el hombre
puede alcanzar con la ayuda de la gracia. Todos anhelamos beber del Corazón
divino, que es fuente de vida y santidad” (San Juan
Pablo II).
En este pasaje de la samaritana Jesucristo nos llama a
que correspondamos a su gracia por medio de las virtudes teologales. “También hoy Jesús "está sediento", es decir, desea la fe y el
amor de la humanidad. Del encuentro personal con él, reconocido y acogido como
Mesías, nace la adhesión a su mensaje de salvación y el deseo de difundirlo en
el mundo… La revelación acogida con fe impulsa a transformarse en palabra
proclamada a los demás y testimoniada mediante opciones concretas de vida. Esta
es la misión de los creyentes, que brota y se desarrolla a partir del encuentro
personal con el Señor” (San Juan Pablo II).
Aplicación a
la familia
“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide
de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva” (Jn 4,10).
Cada familia necesita descubrir que en Jesucristo está la
Fuente de donde brota tanto el Amor verdadero como la Vida, por ello habla de
un agua viva que sacia las profundas aspiraciones del corazón humano.
Jesucristo es el Don por excelencia que Dios Padre nos ha
dado para que podamos entrar en comunión con la Trinidad, nuestra Familia del cielo.
Es impresionante darnos cuenta que Jesús nos pide de beber para indicarnos que
quiere entrar en comunión con nosotros y compartirnos los grandes tesoros de su
Ser eterno.
En este pasaje dialogal emerge también lo grandioso del
encuentro con el Verbo encarnado, un encuentro que suscita la conversión de la
mujer samaritana, la comunión con el Redentor y la solidaridad expresada en el
compartir su experiencia con los demás samaritanos.
Tenemos a Jesucristo presente y vivo en cada Iglesia
católica, en tu parroquia, lleva a toda tu familia a este encuentro de Fe y de
Amor con el Señor, para que desde esta Fuente viva podamos todos crecer en Dios
y alcanzar la posesión de los bienes que superan el bienestar puramente
material, conscientes que no solo de pan vive tu familia sino de toda Palabra
que sale de la boca de Jesucristo.
Este encuentro con el Hijo de Dios lo necesita de un modo
especial hoy la familia humana, para vencer el miedo, para saber que Dios sigue
Vivo y Actuante en los vaivenes de la historia, en los momentos de prueba donde
Dios nos pide conversión, comunión y solidaridad.

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