Monición ambiental
Hoy escucharemos
en la Palabra del Señor cómo Jesús envía a sus discípulos para que lleven la
Buena Nueva de su Reino de paz y de amor, un Reino capaz de salvar al hombre de
su miseria y de su pecado, de todo aquello que le impide alcanzar la redención.
El Señor envía a todo creyente como testigo de los valores espirituales,
consciente que los bienes temporales no pueden ahogar la grandeza de ese Reino.
Oración Colecta
Oh Dios, que por
medio de la humillación de tu hijo levantaste a la humanidad caída, concede a
tus fieles la verdadera alegría, para que quienes han sido librados de la
esclavitud del pecado alcancen también la felicidad eterna.
Por
nuestro Señor Jesucristo.
Primera Lectura
M. . El profeta Isaías nos invita a alegrarnos con
Jerusalén porque de la ciudad santa deriva como un río la verdadera paz,
manifestándose así la mano del Señor.
Lectura del
profeta Isaías 66,10-14c
Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que
la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto. Mamareis a
sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus
ubres abundantes. Porque así dice el Señor: “Yo haré derivar hacia ella, como
un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como
un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados. Al verlo,
se alegrará vuestros corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado; la
mano del Señor se manifestará a sus siervos.”
Palabra
de Dios.
Salmo Responsorial Sal 65,1-3a.4-5.16 y 20 (R.:1)
M. Con
el salmo 65 aclamemos las obras del Señor, su dominio sobre todo lo creado,
diciendo: R/. Aclamad al Señor, tierra entera.
Aclamad
al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre; cantad himnos a su
gloria; decid a Dios: “¡Qué temibles son tus obras!!” R/. Aclamad al Señor,
tierra entera.
Que
se postre ante ti la tierra, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.
Aclamad al Señor, tierra entera.
Transformó
el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con
su poder gobierna eternamente. R/. Aclamad al Señor, tierra entera.
Fieles de Dios,
venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no
rechazó mi súplica, ni me retiró su favor. R/. Aclamad al Señor, tierra
entera.
Segunda Lectura
M. San Pablo, dirigiéndose a los Gálatas, se
gloría en la cruz de Jesucristo, por la que el mundo está crucificado para el
apóstol y el apóstol para el mundo.
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 6,14-18
Hermanos:
Dios
me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí,
y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión,
sino una criatura nueva. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos
los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios. En adelante,
que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de
Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu,
hermanos. Amén.
Palabra de Dios.
M. San
Lucas recoge el primer envío misionero de setenta y dos discípulos de Jesús.
Fueron a anunciar la inminencia del Reino de los Cielos, recibiendo la potestad
de predicar, de curar enfermos y de expulsar demonios.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya Col 3,15a. 16a
Que
la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestros corazones; la palabra de Cristo
habite entre vosotros en toda su riqueza.
Evangelio
† Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,1-12.17-20
En aquel tiempo, designo el Señor otros setenta y
dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares
adonde pensaba ir él. Y les decía: ―”La mies es abundante los obreros pocos;
rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a sus mies.
¡Poneos
en camino! Mirad os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega,
ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y si allí hay
gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos
en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su
salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben
bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está
cerca de vosotros el reino de Dios.” Cuando entréis en un pueblo y no os
reciban, salid a la plaza y decid: “Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se
nos ha pegado a los pies, nos lo acudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed
que está cerca el reino de Dios.” Os
digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.” Los
setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: ―”Señor, hasta los demonios
se nos someten en tu nombre.”
Él
les contesto: ―”Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: Os he dado
potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo.
Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten
los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el
cielo.”
Palabra del Señor.
HOMILIA
CREDO
ORACION DE LOS FIELES
Pidamos, hermanos, al Señor que escuche nuestras
súplicas y acoja nuestras peticiones, diciendo: Escúchanos, Señor.
h Oremos a Dios Padre
por el Papa Francisco, por nuestro obispo Miguel y por todos aquellos a los que
se han confiado nuestras almas; que nuestro Señor les de fuerza y sabiduría
para dirigir y gobernar santamente las comunidades que les han sido
encomendadas y puedan así dar buena
cuenta cuando se les pida.
h Oremos también para
que Dios nos conceda la paz; que él, que es la verdadera paz y el origen de
toda concordia, transmita la paz del cielo a la tierra, la paz espiritual para
nuestras almas y la paz temporal para nuestros días.
h Oremos, finalmente, a
Dios nuestro Señor por los fieles difuntos, que han salido ya de este mundo,
especialmente por nuestros familiares, amigos y bienhechores, para que el
Señor, por su gran misericordia, los reciba en su gloria y los coloque entre
los santos y elegidos.
Dios
nuestro, que al darnos la vocación cristiana nos pides estar siempre dispuestos
a anunciar el Evangelio por todo el mundo, escucha nuestras oraciones y
concédenos aquella valentía y libertad apostólicas que son necesarias para
hacer presentes en el mundo tu palabra de amor y tu mensaje de paz.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Oración sobre las Ofrendas
La oblación que te ofrecemos, Señor, nos purifique, y cada día nos haga
participar con mayor plenitud de la vida del reino glorioso.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Antífona de comunión Sal 33,9
Gustad y ved qué bueno es el Señor; dichoso el que
se acoge a él.
Oración después de la Comunión
Alimentados, Señor, con un sacramento tan admirable, concédenos sus
frutos de salvación y haz que perseveremos siempre cantando tu alabanza.
Por Jesucristo nuestro Señor
CATECISMO
DE LA IGLESIA CATÓLICA
CEC 541-546: el Reino de Dios está cerca
CEC 787, 858-859: los Apóstoles están
asociados a la misión de Cristo
CEC 2122: “el operario tiene derecho a su
salario”
CEC 2816-2821: “Venga tu Reino”
CEC 555, 1816, 2015:
el camino para seguir a Cristo pasa por la cruz
541"Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y
proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios
está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva" (MC 1,15).
"Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la
tierra el Reino de los cielos" (LG 3). Pues bien, la voluntad del
Padre es "elevar a los hombres a la participación de la vida divina"
(LG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo.
Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra "el germen y el
comienzo de este Reino" (LG 5).
542 Cristo es el
corazón mismo de esta reunión de los hombres como "familia de Dios".
Los convoca en torno a él por su palabra, por sus señales que manifiestan el
reino de Dios, por el envío de sus discípulos. Sobre todo, él realizará la
venida de su Reino por medio del gran Misterio de su Pascua: su muerte en la Cruz
y su Resurrección. "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos
hacia mí" (JN 12,32). A esta unión con Cristo están llamados todos
los hombres (cf. LG 3).
543 Todos los
hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los
hijos de Israel (cf. Mt 10,5-7), este reino mesiánico está destinado a
acoger a los hombres de todas las naciones (cf. Mt 8,11 MT 28,19).
Para entrar en él, es necesario acoger la palabra de Jesús:
La palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que
escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino;
después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la siega (LG
5).
544 El Reino
pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen
con un corazón humilde. Jesús fue enviado para "anunciar la Buena Nueva a
los pobres" (LC 4,18 cf. LC 7,22). Los declara
bienaventurados porque de "ellos es el Reino de los cielos" (MT
5,3); a los "pequeños" es a quienes el Padre se ha dignado revelar
las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes (cf. Mt 11,25).
Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los pobres; conoce el
hambre (cf. Mc 2,23-26 MT 21,18), la sed (cf. Jn 4,6-7 JN 19,28)
y la privación (cf. Lc 9,58). Aún más: se identifica con los pobres de
todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su
Reino (cf. Mt 25,31-46).
545 Jesús invita a
los pecadores al banquete del Reino: "No he venido a llamar a
justos sino a pecadores" (MC 2,17 cf. 1TM 1,15). Les invita
a la conversión, sin la cual no se puede entrar en el Reino, pero les muestra
de palabra y con hechos la misericordia sin límites de su Padre hacia ellos
(cf. Lc 15,11-32) y la inmensa "alegría en el cielo por un solo
pecador que se convierta" (LC 15,7). La prueba suprema de este amor
será el sacrificio de su propia vida "para remisión de los pecados" (MT
26,28).
546 Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas,
rasgo típico de su enseñanza (cf. Mc 4,33-34). Por medio de ellas invita
al banquete del Reino (cf. Mt 22,1-14), pero exige también una elección
radical para alcanzar el Reino, es necesario darlo todo (cf. Mt 13,44-45);
las palabras no bastan, hacen falta obras (cf. Mt 21,28-32). Las
parábolas son como un espejo para el hombre: ¿acoge la palabra como un suelo
duro o como una buena tierra (cf. Mt 13,3-9)? ¿Qué hace con los talentos
recibidos (cf. Mt 25,14-30)? Jesús y la presencia del Reino en este
mundo están secretamente en el corazón de las parábolas. Es preciso entrar en
el Reino, es decir, hacerse discípulo de Cristo para "conocer los
Misterios del Reino de los cielos" (MT 13,11). Para los que están
"fuera" (MC 4,11), la enseñanza de las parábolas es algo
enigmático (cf. Mt 13,10-15).
HERMENÉUTICA
BÍBLICA DE LA FE
El
Señor hace un envío misionero de sus discípulos, como un signo de lo que sería
en el futuro la evangelización de todo el mundo, ello son portadores de un
nuevo estilo de vida, “los setenta discípulos aprendieron de Cristo la
erudición apostólica, la modestia, la inocencia, la equidad. Aprendieron a no
preferir cosa alguna del mundo a las santas predicaciones y a aspirar de tal
modo a la fortaleza del alma que no temiesen ningún terror, ni la misma muerte”
(San Cirilo).
Jesús les comunica un poder divino para que
su misión se vea confirmada: “El poder, por lo tanto, viene conferido dentro de
un contexto misionero, no para exaltar sus personas, sino para confirmar la
misión” (CDF). Por esto, su estilo de vida debe caracterizarse también por la
pobreza, “sólo la pobreza asegura al sacerdote su disponibilidad a ser enviado
allí donde su trabajo sea más útil y urgente, aunque comporte sacrificio
personal. Ésta es una condición y una premisa indispensable a la docilidad que
el apóstol ha de tener al Espíritu, el cual lo impulsa para «ir», sin lastres y
sin ataduras, siguiendo sólo la voluntad del Maestro” (PDV 30).
Ellos
anuncian la cercanía del Reino de Dios, basado en la fe, el amor y la verdad,
“el reino de paz de Cristo no se extiende con el poder, con la fuerza, con la
violencia, sino con el don de uno mismo, con el amor llevado al extremo,
incluso hacia los enemigos. Jesús no vence al mundo con la fuerza de las armas,
sino con la fuerza de la cruz, que es la verdadera garantía de la victoria”
(Benedicto XVI). Se trata de comunicar la verdad del Señor como anuncio y
acontecimiento, “llevar a los hombres la luz de la verdad, liberarlos de la
pobreza de verdad, que es la verdadera tristeza y la verdadera pobreza del
hombre. Llevarles la buena noticia que no es sólo palabra, sino también
acontecimiento” (Benedicto XVI).
Entre otros bienes espirituales que
comunican los evangelizadores está el don de la paz, “la paz que se ofrece por
el predicador, o descansa en la casa, si en ella hay alguno que esté presto para
oírla y sigue la palabra celestial que oye; o si ninguno quiere oírla, el
predicador no quedará sin fruto, porque la paz volverá sobre él, como una
recompensa que el Señor le da por el trabajo de su obra. Más si se recibe
nuestra paz, entonces somos acreedores a que se nos recompense por aquéllos a
quienes facilitamos el camino de la gloria” (San Gregorio).
El
fruto de la misión de los discípulos es una alegría sobrenatural, no
simplemente basada en lo grandioso y extraordinario, en lo sensacional, “el Señor
reprendió admirablemente el orgullo en el corazón de sus discípulos,
recordándoles la perdición del maestro de la soberbia, para que en el autor de
la soberbia aprendiesen lo que debían temer de ese vicio” (San Gregorio). Los
discípulos “constataron que, con el poder de la palabra de Jesús, los males del
hombre son vencidos. Y Jesús comparte su satisfacción: «en aquella hora» (Lc
20,21), en aquel momento se llenó de alegría” (Benedicto XVI).

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