MONICION
AMBIENTAL
Este domingo Jesucristo nos enseña la verdad
sobre la resurrección de los muertos y sobre la vida eterna. La vida después de
la muerte es plena de amor y de comunión con Dios, supera infinitamente nuestro
peregrinar terreno, hasta el punto que ya no es necesario el matrimonio. El
creyente que vive en comunión con Dios, participando de la vida de Cristo
resucitado, testimonia el valor de la vida plena y puede esperar agradecido la
vida eterna.
ORACION
COLECTA
Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros
todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu,
podamos libremente cumplir tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
M. En el libro de los Macabeos se afirma la resurrección
de los muertos. Hay una resurrección para la vida y otra para la muerte eterna.
Lectura del Segundo libro de los
Macabeos 7,1-2. 9-14.
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su
madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer
carne de cerdo, prohibida por la ley.
Uno de ellos hablo en nombre de los demás:
―«¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a
morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.»
El segundo, estando para morir, dijo:
―«Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero,
cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una
vida eterna.»
Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la
lengua, lo hizo en seguida, y alargo las manos con gran valor. Y hablo
dignamente:
―«De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio;
espero recobrarlas del mismo Dios.»
El rey y su corte se asombraron del valor con que el
joven despreciaba los tormentos.
Cuando murió este, torturaron de modo semejante al
cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo:
―«Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se
espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la
vida.»
Palabra de
Dios.
SALMO
RESPOSORIAL Sal 16,1.5-6.8 y 15 (R.:15b)
M. El salmos 16 recoge la esperanza del que cree en el
Señor. Hemos de esperar ser escuchados por Dios y ser protegidos por su mano
amorosa. Digamos: R/. Al despertar me
saciaré de tu semblante, Señor.
Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta
oído a mi suplica, que en mis labios no hay engaños. R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron
mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y
escucha mis palabras. R/. Al despertar
me saciaré de tu semblante, Señor.
Guárdame como las niñas de tus ojos, a la sombra de tus
alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me
saciaré de tu semblante. R/. Al
despertar me saciaré de tu semblante, Señor.
SEGUNDA
LECTURA
M. San Pablo pide a Jesucristo y a Dios Padre para que
los cristianos obren el bien y digan lo que edifica, confiados en la fidelidad
del Señor.
Lectura de la
segunda carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 2, 16-3,5.
Hermanos:
Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que
nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran
esperanza, os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras
y de obras buenas.
Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la
palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que
nos libre de hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos.
El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del
Maligno.
Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y
seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado.
Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a
Dios y tengáis la constancia de Cristo.
Palabra de
Dios.
M. San Lucas relata el pasaje evangélico sobre la
resurrección de los muertos y la vida eterna. El Señor se nos revela como un
Dios de vivos.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO
Aleluya Ap
1,5a y 6b.
Jesucristo es el primogénito de entre los muertos; a él
la gloria y el poder por los siglos de los siglos.
EVANGELIO
† Lectura del
santo evangelio según san Lucas 20,27-38.
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que
niegan la resurrección, y le preguntaron:
―«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se les muere
su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé
descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó
y murió sin hijos. Y el segundo y el
tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por
último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será
mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les contesto:
―«En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero lo que
sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los
muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de
Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en
el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac,
Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos
están vivos.»
Palabra del Señor.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Oremos, hermanos, al Señor y pidámosle que
manifieste su poder en cuanto con fe le pedimos, en nombre de toda la Iglesia,
Digamos: Te lo pedimos, Señor.
·
Concede a
los cristianos buscar la sabiduría y descubrir tu amor hecho Eucaristía y vida
en todos los hombres. Oremos
·
Mira con
amor a tu Iglesia, purificada de sus faltas, y haz que viva en fidelidad a
Cristo su Esposo. Oremos.
·
Ayuda a
los que llamas para que, velando y orando, descubran tu voluntad. Oremos.
·
Admite a
los difuntos en el Reino donde Tú habitas. Oremos
·
Aviva el
fuego del amor en nuestros corazones para que vivamos atentos a las necesidades
de nuestros hermanos. Oremos
Señor y Dios nuestro, que nos das a beber de
la sabiduría de tu amor y nos invitas al banquete de bodas de tu Hijo; escucha
las oraciones de tus fieles y permítenos asociarnos a la asamblea de los santos
para cantar tus alabanzas.
Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira con bondad, Señor, los sacrificios que te presentamos, para que, al
celebrar la pasión de tu Hijo en este sacramento, gocemos de sus frutos en
nuestro corazón.
Por Jesucristo nuestro Señor.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Lc
24,35
Los discípulos
reconocieron al Señor Jesús al partir el pan.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados con esta eucaristía, te hacemos presente, Señor, nuestra
acción de gracias, implorando de tu misericordia que el Espíritu Santo mantenga
siempre vivo el amor a la verdad en quienes han recibido la fuerza de lo alto.
Por Jesucristo nuestro Señor.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
CEC 992-996:
la revelación progresiva de la Resurrección
CEC 997-1004:
nuestra resurrección en Cristo
CEC
1023-1029: el cielo
CEC 1030-1032: la purificación
final o Purgatorio
1023 Los que mueren en la gracia y la
amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con
Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven "tal cual
es" (1JN 3,2), cara a cara (cf. 1CO 13,12 AP 22,4):
Definimos
con la autoridad apostólica: que, según la disposición general de Dios, las
almas de todos los santos ... y de todos los demás fieles muertos después de
recibir el bautismo de Cristo en los que no había nada que purificar cuando
murieron;... o en caso de que tuvieran o tengan algo que purificar, una vez que
estén purificadas después de la muerte ... aun antes de la reasunción de sus
cuerpos y del juicio final, después de la Ascensión al cielo del Salvador,
Jesucristo Nuestro Señor, estuvieron, están y estarán en el cielo, en el reino
de los cielos y paraíso celestial con Cristo, admitidos en la compañía de los
ángeles. Y después de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo vieron y
ven la divina esencia con una visión intuitiva y cara a cara, sin mediación de
ninguna criatura (Benedicto XII: DS 1000 cf. LG 49).
1024 Esta
vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con
Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama
"el cielo". El cielo es el fin último y la realización de las
aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha.
1025
Vivir en el cielo es "estar con Cristo" (cf. Jn 14,3 PH 1,23 1TH
4,17). Los elegidos viven "en El", aún más, tienen allí, o mejor,
encuentran allí su verdadera identidad, su propio nombre (cf. AP 2,17):
Pues
la vida es estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la vida, allí está el
reino (San Ambrosio, LC 10,121).
1026 Por
su muerte y su Resurrección Jesucristo nos ha "abierto" el cielo. La
vida de los bienaventurados consiste en la plena posesión de los frutos de la
redención realizada por Cristo quien asocia a su glorificación celestial a
aquellos que han creído en El y que han permanecido fieles a su voluntad. El
cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente
incorporados a El.
1027 Este
misterio de comunión bienaventurada con Dios y con todos los que están en
Cristo sobrepasa toda comprensión y toda representación. La Escritura nos habla
de ella en imágenes: vida, luz, paz, banquete de bodas, vino del reino, casa
del Padre, Jerusalén celeste, paraíso: "Lo que ni el ojo vio, ni el oído
oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le
aman" (1CO 2,9).
1028 A
causa de su transcendencia, Dios no puede ser visto tal cual es más que cuando
El mismo abre su Misterio a la contemplación inmediata del hombre y le da la
capacidad para ello. Esta contemplación de Dios en su gloria celestial es
llamada por la Iglesia "la visión beatífica":
¡Cuál
no será tu gloria y tu dicha!: Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de
participar en las alegrías de la salvación y de la luz eterna en compañía de
Cristo, el Señor tu Dios, ...gozar en el Reino de los cielos en compañía de los
justos y de los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada (San
Cipriano, ep. 56,10,1).
1029 En
la gloria del cielo, los bienaventurados continúan cumpliendo con alegría la
voluntad de Dios con relación a los demás hombres y a la creación entera. Ya
reinan con Cristo; con El "ellos reinarán por los siglos de los siglos' (AP
22,5 cf. Mt 25,21 Mt 25,23).
HERMENÉUTICA BÍBLICA DE LA FE
La liturgia
de la Palabra nos habla de la resurrección de los muertos y de la vida eterna.
Los saduceos negaban la resurrección de los muertos y afirmaban que el alma
moría con el cuerpo, en el pasaje de este domingo aplican también
hiperbólicamente la ley del levirato. Jesucristo afirma el valor temporal del
matrimonio y la vida eterna después de la muerte, una vida diversa de la
terrena pero plena.
Todos los
hombres hemos de resucitar al final de la historia, los justos por su comunión
con Dios a la vida plena en Dios, y los que no se arrepintieron ni convirtieron
de sus pecados para la muerte eterna. Los justificados en Cristo tendrán la
gloria de la resurrección, no tendrán mancha de corrupción, tampoco muerte,
gozarán de la presencia constante de Dios.
Los saduceos
presentan al Señor un caso hipotético en base a la ley del levirato: “Según la
letra de la ley, era obligada a casarse la viuda, aun contra su voluntad, para
que el hermano del difunto suscitase su descendencia” (San Ambrosio). Jesús
responde a los saduceos desde la perspectiva escatológica sobre el matrimonio,
“los casamientos se hacen para tener hijos; los hijos vienen por la sucesión, y
la sucesión por la muerte; por tanto, donde no hay muerte no hay casamientos”
(San Agustín). De hecho los célibes en el Nuevo Testamento “llegan a ser signo
viviente de aquel mundo futuro, presente ya a través de la fe y de la caridad,
en el cual los hijos de la resurrección no se unen en matrimonio” (PO 16).
La
resurrección de los muertos “indica que hay una condición de vida privada de
matrimonio, en el cual el hombre, varón o hembra, encuentra al mismo tiempo la
plenitud de la donación personal y de la intersubjetiva comunión de las
personas, gracias a la glorificación de todo su ser psicosomático en la unión
perenne con Dios” (San Juan Pablo II).
La semejanza
con los ángeles por parte de los que resuciten supone que son “renovados por la
gloria de la resurrección, sin miedo alguno a la muerte, sin mancha de
corrupción y sin ninguna circunstancia de la vida material, gozarán de la
presencia constante de Dios” (Beda). Los cristianos estamos llamados a vivir, entonces,
desde ya la vida plena en cualquier situación de la propia existencia, mediante
el testimonio de la vida resucitada y verdadera, siendo testigos de la cultura
de la Vida.
Comentarios
Publicar un comentario