MONICION AMBIENTAL
M. La liturgia de la Palabra de este domingo
nos invita a ser solidarios con los hermanos y a estar preparados para el
encuentro con el Señor, administrando bien los bienes que nos ha confiado,
tanto materiales como espirituales. La vida cristiana es escatológica, por esto
hemos de glorificar a Dios siendo fieles y sabios administradores. Hemos de
procurar un tesoro que no se corrompe con el tiempo porque está anclado en la
misma eternidad de Dios.
ORACION COLECTA
Dios todo poderoso y eterno, a quien podemos
llamar Padre, aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que
merezcamos alcanzar la herencia prometida.
Por nuestro Señor
Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
M. El libro de la
Sabiduría destaca la fe del pueblo de Israel en su Señor, quien salva a los
inocentes y pierde a los culpables.
Lectura del libro de la Sabiduría 18,6-9
La noche de la
liberación se les anuncio de ante mano a nuestros padres, para que tuvieran
ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.
Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y
la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los
enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.
Los hijos piadosos
de su pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se
imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los
peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.
Palabra de
Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Sal 32,1 y 12.18-19.20 y 22 (R.:12b)
M. El salmo 32
exalta al pueblo que Dios ha elegido para darle su Reino, digamos agradecidos: R/. Dichoso el pueblo que el Señor se
escogió como heredad.
Aclamad, justos,
al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dichosa la nación cuyo Dios es
el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Los ojos del Señor
están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar
sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Nosotros
aguardamos al Señor: él es nuestro
auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como
lo esperamos de ti. R/. Dichoso el
pueblo que el Señor se escogió como heredad.
SEGUNDA LECTURA
M. En la carta a
los Hebreos San Pablo destaca la fiel y profunda fe de Abrahán en el Señor. Del
mismo modo el Señor nos invita a obedecerle movidos por la fe.
Lectura de la carta a los Hebreos 11,1-2.8-19
Hermanos:
La fe es seguridad
de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los
antiguos.
Por fe, obedeció
Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad.
Salió sin saber adónde iba.
Por fe, vivió como
extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas ―y lo mismo Isaac y
Jacob, herederos de la misma promesa―, mientras esperaba la ciudad de sólidos
cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por fe, también
Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje,
porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.
Y así, de uno solo
y, en este aspecto, ya extinguido,
nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena
incontable de las playas.
Con fe murieron todos
éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos,
confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.
Es claro que los
que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde
habían salido, estaban a tiempo para volver.
Pero ellos
ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en
llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
Por fe, Abrahán,
puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario
de la promesa, del cual le había dicho Dios:
“Isaac continuará
tu descendencia.”
Pero Abrahán pensó
que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos. Y así, recobró a Isaac
como figura del futuro.
Palabra de
Dios.
M. El evangelio de
san Lucas nos invita a trabajar por un tesoro en el cielo y a estar preparados
para la venida del Señor.
ACLAMACION ANTES
DEL EVANGELIO
Aleluya Mt 24,42a y 44
Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos
pensáis viene el Hijo del hombre.
EVANGELIO
† Lectura del santo evangelio según san Lucas
12,32-48
En aquel tiempo,
dijo Jesús a sus discípulos:
― “No temas, pequeño rebaño, porque vuestro
Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros
bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un
tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la
polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida la
cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que
su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los
criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se
ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y
los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si
supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un
boquete.
Lo mismo vosotros,
estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.”
Pedro le pregunto:
― “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros
o por todos?”
El Señor le
respondió:
― “¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el
amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas?
Dichosos el criado
a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo
pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el
empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarle a los mozos y a
las muchachas, a comer y a beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado
el día y a la hora que menos lo espere y lo despedirá, condenándolo a la pena
de los que no son fieles.
El criado que sabe
lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos
azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le
dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.”
Palabra del Señor.
CREDO
ORACION DE LOS FIELES
Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, para
que, acordándose de su promesa, escuche la oración de los que nos hemos reunido
en su nombre, diciendo: Escúchanos, Señor.
·
Por la paz que
desciende del cielo, por la unión de las Iglesias y por la salvación de
nuestras almas, roguemos al Señor. R/. Escúchanos, Señor.
·
Por los que
trabajan por el bien de los pobres, por los que ayudan a los ancianos y por los
que cuidan a niños y desvalidos, roguemos al Señor. R/. Escúchanos, Señor.
·
Por los que en
este momento están orando con nosotros, por los que han pedido nuestras
oraciones y por el reposo eterno de nuestros hermanos difuntos, roguemos al
Señor. R/. Escúchanos, Señor.
Escucha,
Señor, nuestras oraciones y haz que los corazones de tus fieles se inflamen en
la fe que impulsó a nuestro padre Abraham a vivir como extranjero en la tierra
que le prometiste, y que también esperemos el regreso de tu Hijo, como el
criado a quien el Señor encuentra en vela, en el momento de su llegada, para que
podamos así ser acogidos por Cristo en el banquete eterno.
Por
Jesucristo nuestro Señor.
Oración
sobre las Ofrendas
Acepta, Señor,
los dones que le has dado a tu Iglesia para que pueda ofrecértelos, y
transfórmalos en sacramento de nuestra salvación.
Por
Jesucristo nuestro Señor.
Antífona de comunión Sal 147,12.14
Glorifica al Señor, Jerusalén, que te sacia con
flor de harina.
Oración después de la Comunión
La comunión en
tus sacramentos nos salve, Señor, y nos afiance en la luz de tu verdad.
Por
Jesucristo nuestro Señor.
CATECISMO DE LA
IGLESIA CATÓLICA
CEC 144-149: la obediencia de la fe
CEC 1817-1821: la virtud de la esperanza
CEC 2729-2733: la oración, humilde vigilancia
del corazón
CEC 144-146, 165, 2572, 2676: Abrahán, modelo de fe
1817 La esperanza
es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida
eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de
Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia
del Espíritu Santo. ‘Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel
es el autor de la promesa’ (HE 10,23). Este es ‘el Espíritu Santo que El
derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador
para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en
esperanza, de vida eterna’ (TT 3,6-7).
1818 La virtud de la esperanza
corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo
hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las
purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento;
sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la
bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y
conduce a la dicha de la caridad.
1819 La esperanza cristiana
recoge y perfecciona la esperanza del pueblo elegido que tiene su origen y su
modelo en la esperanza de Abraham en las promesas de Dios; esperanza
colmada en Isaac y purificada por la prueba del sacrificio. ‘Esperando contra
toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones’ (RM 4,18).
1820 La esperanza cristiana se
manifiesta desde el comienzo de la predicación de Jesús en la proclamación de
las bienaventuranzas. Las bienaventuranzas elevan nuestra esperanza
hacia el cielo como hacia la nueva tierra prometida; trazan el camino hacia
ella a través de las pruebas que esperan a los discípulos de Jesús. Pero por
los méritos de Jesucristo y de su pasión, Dios nos guarda en ‘la esperanza que
no falla’ (RM 5,5). La esperanza es ‘el ancla del alma’, segura y firme,
‘que penetra... a donde entró por nosotros como precursor Jesús’ (HE 6,19-20).
Es también un arma que nos protege en el combate de la salvación: ‘Revistamos
la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación’
(1TH 5,8). Nos procura el gozo en la prueba misma: ‘Con la alegría de la
esperanza; constantes en la tribulación’ (RM 12,12). Se expresa y se
alimenta en la oración, particularmente en la del Padre Nuestro, resumen
de todo lo que la esperanza nos hace desear.
1821 Podemos, por tanto,
esperar la gloria del cielo prometida por Dios a los que le aman (cf RM
8,28-30) y hacen su voluntad (cf MT 7,21). En toda circunstancia,
cada uno debe esperar, con la gracia de Dios, ‘perseverar hasta el fin’ (cf MT
10,22 cf Cc. Trento: DS 1541) y obtener el gozo del cielo, como
eterna recompensa de Dios por las obras buenas realizadas con la gracia de
Cristo. En la esperanza, la Iglesia implora que ‘todos los hombres se salven’ (1TM
2,4). Espera estar en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo:
Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el
día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu
deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más
peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu
Amado con gozo y deleite que no puede tener fin. (S. Teresa de Jesús, excl. 15,
3)
HERMENÉUTICA BÍBLICA
DE LA FE
El Señor
invita a sus discípulos además de anunciar su Reino, a ser aún más generosos,
conscientes que hay una riqueza inmortal que se alcanza con el don de sí tanto
en lo material como en lo espiritual. Estamos ante la virtud de la esperanza
cristiana como lo prueban los símbolos bíblicos, “según la Sagrada Escritura,
hay tres símbolos que describen la esperanza para el cristiano: el yelmo, que
le protege del desaliento (cf. 1Ts 5,8), el ancla segura y firme, que
fija en Dios (cf. Hb 6,19), y la
lámpara, que le permite esperar el alba de un nuevo día” (Benedicto XVI).
El Señor
instruye a sus discípulos: “no temáis que falten las cosas necesarias a los que
en esta vida trabajan por el reino de Dios” (Beda), precisamente porque la
pobreza evangélica, como la vivió el Señor, enriquece sin medida de cara a la
vida eterna. Jesucristo “no nos ha enseñado a arrojar como malo lo que poseemos
sino a distribuirlo, porque dice: "Y dad limosna” (San Basilio).
El
valor evangélico de la limosna es grande “no hay pecado que no pueda borrar la
limosna que es remedio contra toda llaga. Pero la limosna no se hace sólo con
dinero, sino también por las obras” (San Juan Crisóstomo). La Sagrada Escritura
nos recomienda practicar la limosna “debemos volver a encontrar el significado
verdadero de la limosna, y sobre todo la voluntad y la alegría de dar limosna.
Limosna, palabra griega, significa etimológicamente compasión y misericordia…
actitud del hombre que advierte la necesidad de los otros, que quiere hacer
partícipes a los otros del propio bien” (San Juan Pablo II).
La espera
vigilante nace de la respuesta de amor hacia el Señor, “le abrimos
inmediatamente si lo recibimos con amor… aquel que está seguro por su esperanza
y buenas obras, abre inmediatamente al que llama porque cuando conoce que se
aproxima el tiempo de la muerte, se alegra por la gloria del premio… Vigila
aquel que tiene los ojos de su inteligencia abiertos al aspecto de la luz
verdadera, el que obra conforme a lo que cree y el que rechaza de sí las
tinieblas de la pereza y de la negligencia” (San Gregorio Nacianceno).
Uno de los
frutos de la espera vigilante es que preserva de la ceguera de la necedad, “si
con esta disposición vivimos nuestra vida diaria, no cometeremos pecado, no
codiciaremos nada, no tendremos inquina a nadie, no acumularemos tesoros en la
tierra; sino que como quien cada día espera morirse, seremos pobres y
perdonaremos todo a todos” (San Atanasio). En este mismo sentido de vigilante
espera el Señor bendice al buen administrador, al que es fiel y sabio para
administrar con esmero y responsabilidad lo que Dios le ha confiado.

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