MONICION AMBIENTAL
El Señor nos
invita este domingo a darle primacía a la escucha y contemplación de su
Palabra, capaz de transformarnos integralmente y movernos a la comunión
misionera con los demás. Hemos de privilegiar los bienes espirituales que trae
Jesucristo, sabiendo que esos valores alcanzarán su plenitud después de nuestra
muerte.
ORACION COLECTA
Muéstrate propicio con tus hijos, Señor, y
multiplica sobre ellos los dones de tu gracia, para que, encendidos de fe,
esperanza y caridad, perseveren fielmente en el cumplimiento de tu ley.
Por nuestro Señor
Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
M. En el libro del
Génesis escucharemos la visita del Señor a Abraham, quien hospedó a tres
hombres enviados por Dios. Al final de la acogida hecha por Abraham, uno de
ellos le anuncio el nacimiento de un hijo de la entrañas de Sara.
Lectura del libro del Génesis 18,1-10ª
En aquellos días,
el Señor se le apareció a Abraham junto a la encina de Mambré, mientras él
estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzo la vista y vio a tres hombres en pie
frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se
prosternó en tierra, diciendo:
―”Señor, si he
alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua
para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un
pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado
junto a vuestro siervo.”
Contestaron:
―”Bien, haz lo que
dices.”
Abraham entró corriendo
en la tienda donde estaba Sara y le dijo:
―”Aprisa, tres
cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.”
Él corrió a la
vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase
en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió.
Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.
Después le
dijeron:
―” ¿Dónde está
Sara, tu mujer?”
Contestó:
―”Aquí, en la tienda.”
Añadió uno:
―”Cuando vuelva a
ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.”
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Sal 14,2-3ab.3cd-4ab.5 (R.:1a)
M. Con el salmista preguntamos al Señor
sobre las cualidades de un huésped de él, diciendo: R/. Señor, ¿Quién puede hospedarse en tu tienda?
El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene
intenciones leales y no calumnia con su lengua. R/. Señor, ¿Quién puede hospedarse en tu tienda?
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera
despreciable al impío y honra a los que
temen al Señor. R/. Señor, ¿Quién
puede hospedarse en tu tienda?
El que no presta
dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R/. Señor, ¿Quién puede hospedarse en tu
tienda?
SEGUNDA LECTURA
M. En la carta a
los Colosenses San Pablo hace ver que con sus sufrimientos completa los dolores
de Jesucristo por su Iglesia, a quien debe anunciar todo el misterio de Dios.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los
Colosenses 1,24-28
Hermanos:
Ahora me alegro de
sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo
por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro,
asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio
que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha
revelado a sus santos.
A éstos ha querido
Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los
gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria.
Nosotros anunciamos
a este Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos
de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.
Palabra de Dios.
M. El evangelio
destaca la actitud de María que se alimenta de la Palabra de Dios, en la
escucha y en la oración. Lo realmente importante es el Reino de Dios y su
justicia.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO
Aleluya cf. Lc 8,15
Dichosos los que
con un corazón noble y generoso guardan la palabra de Dios y dan fruto
perseverando.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según San Lucas 10,38-42
En aquel tiempo
entro Jesús a una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Ésta tenía una
hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba
para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
― “Señor, ¿no te
importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche
una mano.”
Pero el Señor le
contestó:
― “Marta, Marta,
andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha
elegido la parte mejor, y no se la quitarán.
Palabra del Señor.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
CEC 2571: la hospitalidad de Abrahán
CEC 2241: acoger al extranjero
CEC 2709-2719: la contemplación
CEC 618, 1508: participar del sufrimiento del
Cuerpo de Cristo
CEC 568,
772: “la esperanza de la gloria” en la Iglesia y en sus sacramentos
2709 ¿Qué
es esta oración? Santa Teresa responde: "no es otra cosa oración mental, a
mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con
quien sabemos nos ama" (vida VIE 8).
La contemplación busca al
"amado de mi alma" (CT 1,7 cf CT 3,1-4). Esto es, a
Jesús y en él, al Padre. Es buscado porque desearlo es siempre el comienzo del
amor, y es buscado en la fe pura, esta fe que nos hace nacer de él y vivir en
él. En la contemplación se puede también meditar, pero la mirada está centrada
en el Señor.
2710 La elección del tiempo
y de la duración de la oración de contemplación depende de una voluntad
decidida reveladora de los secretos del corazón. No se hace contemplación
cuando se tiene tiempo sino que se toma el tiempo de estar con el Señor con la
firme decisión de no dejarlo y volverlo a tomar, cualesquiera que sean las
pruebas y la sequedad del encuentro. No se puede meditar en todo momento, pero
sí se puede entrar siempre en contemplación, independientemente de las
condiciones de salud, trabajo o afectividad. El corazón es el lugar de la
búsqueda y del encuentro, en la pobreza y en la fe.
2711 La entrada en la
contemplación es análoga a la de la Liturgia eucarística:
"recoger" el corazón, recoger todo nuestro ser bajo la moción del
Espíritu Santo, habitar la morada del Señor que somos nosotros mismos,
despertar la fe para entrar en la presencia de Aquél que nos espera, hacer que
caigan nuestras máscaras y volver nuestro corazón hacia el Señor que nos ama
para ponernos en sus manos como una ofrenda que hay que purificar y
transformar.
2712 La contemplación es la
oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor
con el que es amado y que quiere responder a él amando más todavía (cf LC
7,36-50 LC 19,1-10). Pero sabe que su amor, a su vez, es el que el Espíritu
derrama en su corazón, porque todo es gracia por parte de Dios. La contemplación
es la entrega humilde y pobre a la voluntad amante del Padre, en unión cada vez
más profunda con su Hijo amado.
2713 Así, la contemplación es
la expresión más sencilla del misterio de la oración. Es un don, una
gracia; no puede ser acogida más que en la humildad y en la pobreza. La oración
contemplativa es una relación de alianza establecida por Dios en el fondo de
nuestro ser (cf JR 31,33). Es comunión: en ella, la Santísima
Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios, "a su semejanza".
2714 La contemplación es
también el tiempo fuerte por excelencia de la oración. En ella, el Padre
nos concede "que seamos vigorosamente fortalecidos por la acción de su
Espíritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en nuestros
corazones y que quedemos arraigados y cimentados en el amor" (EP
3,16-17).
2715 La contemplación es mirada
de fe, fijada en Jesús. "Yo le miro y él me mira", decía, en tiempos
de su santo cura, un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario. Esta atención
a El es renuncia a "mí". Su mirada purifica el corazón. La luz de la
mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la
luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres. La contemplación
dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo. Aprende así el
"conocimiento interno del Señor" para más amarle y seguirle (cf San
Ignacio de Loyola, ex. sp. 104).
2716 La
contemplación es escucha de la palabra de Dios. Lejos de ser pasiva,
esta escucha es la obediencia de la fe, acogida incondicional del siervo y
adhesión amorosa del hijo. Participa en el "sí" del Hijo hecho siervo
y en el "fiat" de su humilde esclava.
2717 La contemplación es silencio, este "símbolo
del mundo venidero" (San Isaac de Nínive, tract. myst. 66) o "amor
silencioso" (San JN de la Cruz). Las palabras en la oración
contemplativa no son discursos sino ramillas que alimentan el fuego del amor.
En este silencio, insoportable para el hombre "exterior", el Padre
nos da a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y el
Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús.
2718 La contemplación es unión
con la oración de Cristo en la medida en que ella nos hace participar en su
misterio. El misterio de Cristo es celebrado por la Iglesia en la Eucaristía; y
el Espíritu Santo lo hace vivir en la contemplación para que sea manifestado
por medio de la caridad en acto.
2719 La
contemplación es una comunión de amor portadora de vida para la multitud, en la
medida en que se acepta vivir en la noche de la fe. La noche pascual de la
resurrección pasa por la de la agonía y la del sepulcro. Son tres tiempos
fuertes de la Hora de Jesús que su Espíritu (y no la "carne que es
débil") hace vivir en la contemplación. Es necesario consentir en
"velar una hora con él" (cf MT 26,40).
HERMENÉUTICA BÍBLICA DE LA FE
El Evangelio de este domingo nos enseña que lo realmente importante es
el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás tiene sentido y valor si está
orientado a los bienes imperecederos de la vida eterna. En realidad no se trata
de ganar el mundo perecedero sino de ganar la misma eternidad. Hoy necesitamos
tanto de testigos que muestren que nada hay más importante que el amor a Dios.
No sólo de pan vive el hombre (cf. Benedicto XVI).
La actitud generosa de Marta de hospedar en su casa al Señor, indica una
de las obras de misericordia que recomienda la Sagrada Escritura, sin embargo,
Marta se preocupa de las cosas exteriores que aunque posean su mérito, son
mayores los méritos que se granjean con la vida contemplativa, que alcanzan su
plenitud después de esta vida. Pero lo de fondo es que Marta en realidad es la
enferma que acoge al Médico, la criatura frente al Creador, por esto el Señor
la invita a descubrir lo único importante.
El activismo tiende a reducir el ser y las esencias de las cosas a lo
aparente y a lo visible. Ante la tentación del hacer por hacer, el Señor nos
pone en alerta para no descuidar el encuentro con El, como le sucede a Marta
que no se da cuenta que el Señor ha venido para ser escuchado por los hombres;
Marta no percibe el poder transformante de la presencia de Jesús que nos
permite estar más disponibles para las cosas del Señor. Realmente la vida de
oración no nos aleja de la vida de los hombres, sino que nos permite descubrir
con mayor profundidad a nuestro prójimo y a nosotros mismos (cf. Benedicto XVI).
La actitud de María, sentada a los pies de Jesús en la escucha de su
Palabra, indica que ella prefiere alimentarse del Señor, indica el profundo
respeto y la escucha de su corazón a lo realmente importante (cf. San Juan
Pablo II). Se trata de una adhesión de la mente y el corazón a lo único
decisivo: Dios y su amor inescrutable por el que vale la pena vivir a través de
la oración, la escucha y la contemplación de su Palabra. Esta actitud debe ser
la que inspire todo celo apostólico, la comunión misionera: su fundamento es el
encuentro orante con el Señor. Ante la tentación del activismo hemos de darle
el primer lugar al discipulado respecto al hacer misionero.
“En cualquier caso, no se debe condenar
la actividad en favor del prójimo, de los demás, sino que se debe subrayar que
debe estar penetrada interiormente también por el espíritu de la contemplación.
Por otra parte, san Agustín dice que esta realidad de María es una visión de
nuestra situación en el cielo; por tanto, en la tierra nunca podemos tenerla
completamente, sino sólo debe estar presente como anticipación en toda nuestra
actividad. Debe estar presente también la contemplación de Dios. No debemos
perdernos en el activismo puro, sino siempre también dejarnos penetrar en
nuestra actividad por la luz de la Palabra de Dios y así aprender la verdadera
caridad, el verdadero servicio al otro, que no tiene necesidad de muchas cosas
—ciertamente, le hacen falta las cosas necesarias—, sino que tiene necesidad
sobre todo del afecto de nuestro corazón, de la luz de Dios.” (Benedicto XVI).
La primacía de la oración en el discipulado nos debe estimular a
practicar y difundir la lectio divina
hasta que la Palabra del Señor sea parte esencial de nuestra propia vida. La lectio divina ofrece una ayuda
extraordinariamente eficaz para alcanzar la perfección en la ciencia de
Jesucristo, a la vez, es una escuela constante de oración donde nos encontramos
con el mismo Señor.

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