Monición ambiental
La Palabra de este domingo nos presenta los dos grandes mandamientos del
que pende toda la Ley: el amor a Dios y el amor al prójimo. Amamos de verdad al
Señor si actuamos como buenos samaritanos con todo ser humano que necesita el
bien y la misericordia, siguiendo las huellas de Jesucristo que redime a la
humanidad caída. Se trata de un amor efectivo expresado a través de la
solidaridad, la justicia y la misericordia.
Oración Colecta
Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados
para que puedan volver al buen camino, concede a todos los cristianos rechazar
lo que es indigno de este nombre, y cumplir cuanto el él se significa.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Primera
Lectura
M. . Moisés invita al pueblo de Dios
a escuchar al Señor y a guardar sus mandamientos, convirtiéndose con todo el
corazón.
Lectura del libro del Deuteronomio 30,10-14
Moisés hablo al pueblo, diciendo:
―”Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que
está escrito en el código de la ley; conviértete al Señor, tu Dios, con todo el
corazón y con toda el alma. Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa
que te exceda, ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir: “¿Quién de
nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo
cumplamos?”; ni está más allá del mar, no vale decir: “¿Quién de nosotros
cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?” El
mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca.
Cúmplelo.”
Palabra de Dios.
Salmo
Responsorial
Sal 68,14y17.30-31.33-34.36ab y 37 (R.:cf.33)
M. El salmista invita a los
humildes a buscar al Señor, a alabar su obra salvadora, a mirarlo y alegrarse
en El, diciendo: R/. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu
favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu
gran compasión, vuélvete hacia mí. R/. Humildes, buscad al Señor, y revivirá
vuestro corazón.
Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me
levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su
grandeza con acción de gracias. R/. Humildes, buscad al Señor, y revivirá
vuestro corazón.
Miradlo los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y
revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus
cautivos. R/. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
El Señor salvará a Sión, reconstruirá las ciudades de
Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará, los que aman su nombre vivirán en
ella. R/. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Segunda Lectura
M. San Pablo exalta la persona de Jesucristo,
imagen del Dios invisible, cabeza de la Iglesia, plenitud de todo y pontífice
de la reconciliación de los hombres con Dios por medio de la Cruz.
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Colosenses 1,15-20
Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura;
porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres,
visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue
creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los
muertos, y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que se residiera toda la
plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los
de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Palabra de Dios.
M. El Evangelio de este domingo nos presenta la doble
vertiente del amor verdadero: el amor a Dios está íntimamente unido al amor al
prójimo y no se pueden separar si queremos alcanzar la salvación.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya cf. Jn 6, 63c.68c
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes
palabras de vida eterna.
Evangelio
† Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,25-37
En aquel tiempo, se presentó un maestro de la ley y le preguntó a Jesús
para ponerlo a prueba: ―”Maestro, ¿Qué tengo que hacer para heredar la vida
eterna?” Él le dijo: ―” ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?” Él
contestó: ―”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y
con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.” Él le
dijo: ―”Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.” Pero el maestro de la Ley,
queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ―” ¿Y quién es mi prójimo? Jesús le
dijo: ― “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos
bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo
medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino, y al verlo,
dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel
sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de
viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le
vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia
cabalgadura, lo llevo a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos
denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de
más yo te lo pagaré a la vuelta. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó
como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?”
Él contestó: ―”El que practicó la misericordia con
él.” Díjole Jesús: ―”Anda, haz tú lo mismo.”
Palabra del Señor.
HOMILIA
CREDO
ORACION DE LOS FIELES
Que nuestras oraciones lleguen,
hermanos, a la presencia del Señor y que nuestros ruegos sean escuchados por
aquel que escruta el corazón de todos, diciendo: Escúchanos, Señor.
·
Pidamos la sabiduría del Hijo de Dios para los que proclaman con
fidelidad la palabra divina y para todos los ministros que sirven a la Iglesia.
R/. Escúchanos, Señor.
·
Por Israel, el pueblo de la antigua alianza, por los cristianos separados
de la Iglesia católica y apostólica y por los que no conocen al Dios verdadero,
invoquemos al Señor, dueño de toda verdad. R/. Escúchanos, Señor.
·
Invoquemos con fe y devoción al Señor de la gloria por la paz y felicidad
de los que ahora estamos aquí, huéspedes en la casa del Señor. R/.
Escúchanos, Señor
Dios misericordioso y
omnipotente, que has querido resumir todos los preceptos de tu ley en el
mandamiento del amor, escucha nuestras oraciones y danos un corazón solícito y
generoso hacia los sufrimientos de nuestros hermanos, a imagen de tu Hijo, el
buen samaritano del mundo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración sobre las
Ofrendas
Mira, Señor, los dones de tu
Iglesia en oración, y concede a quienes van a recibirlos crecer continuamente
en santidad.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Antífona de
comunión Sal 83,4-5
Hasta el gorrión ha encontrado
una casa, y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos; tus altares,
Señor de los ejércitos, rey y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Oración después de la
Comunión
Alimentados con esta eucaristía,
te pedimos, Señor, que cuantas veces celebramos este sacramento se acreciente en
nosotros el fruto de la salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.
CATECISMO
DE LA IGLESIA CATÓLICA
CEC 299, 381: el hombre ha sido creado a imagen
de Dios; el primogénito
CEC 1931-1933: el prójimo tiene que ser
considerado como “otro yo”
CEC 2447: las obras de misericordia corporal
CEC 1465: en la celebración del Sacramento de la
Penitencia el sacerdote es como el buen samaritano
CEC 203, 291, 331, 703: el Verbo y la creación,
visible e invisible
1931
El respeto a la
persona humana pasa por el respeto del principio: ‘Que cada uno, sin ninguna
excepción, debe considerar al prójimo como «otro yo», cuidando, en primer
lugar, de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente’ (GS
27,1). Ninguna legislación podría por sí misma hacer desaparecer los
temores, los prejuicios, las actitudes de soberbia y de egoísmo que
obstaculizan el establecimiento de sociedades verdaderamente fraternas. Estos
comportamientos sólo cesan con la caridad que ve en cada hombre un ‘prójimo’,
un hermano.
1932
El deber de hacerse prójimo de los demás y de servirlos activamente se hace más
acuciante todavía cuando éstos están más necesitados en cualquier sector de la
vida humana. ‘Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí
me lo hicisteis’ (MT 25,40).
1933 Este mismo deber se extiende a los que piensan
y actúan diversamente de nosotros. La enseñanza de Cristo exige incluso el
perdón de las ofensas. Extiende el mandamiento del amor que es el de la nueva
ley a todos los enemigos (cf MT 5,43-44). La liberación en el espíritu
del Evangelio es incompatible con el odio al enemigo en cuanto persona, pero no
con el odio al mal que hace en cuanto enemigo.
HERMENÉUTICA
BÍBLICA DE LA FE
El ágape o amor cristiano tiene una doble vertiente: hacia
el Señor y hacia el prójimo. El prójimo de que nos habla Jesús supera el
concepto judío que se restringía solamente a los que vivían dentro de su
territorio, ahora “mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo
pueda ayudar. Se universaliza el concepto de prójimo, pero permaneciendo
concreto… requiere mi compromiso práctico aquí y ahora” (DCE 15). Se trata de
“todo ser humano, sin excepción. Es inútil preguntarle su nacionalidad, su
pertenencia social o religiosa. Si necesita ayuda, hay que ayudarle” (San Juan Pablo
II). Lo que hace prójimo al hermano es la misericordia para con él, la
misericordia con las heridas de sus pecados.
Solamente quien practica
esta doble vertiente del amor cristiano está cerca del Reino de los Cielos, “el
amor al prójimo se considera imitación y prolongación de la bondad
misericordiosa del Padre celestial, que provee a las necesidades de todos y no
hace distinción de personas” (San Juan Pablo II). Esa inseparabilidad tiene
como modelo a Jesucristo “de su unidad inseparable da testimonio Jesús
con sus palabras y su vida: su misión culmina en la cruz que redime (cf. Jn3,14-15), signo de su amor
indivisible al Padre y a la humanidad” (VS 14).
El Buen Samaritano por excelencia es el Señor, ya que todo
hombre “estaba medio muerto el movimiento vital (esto es, el libre albedrío),
herido el cual no era suficiente para volver a la vida eterna que había
perdido. Por esto se encontraba tendido, porque no le bastaban sus propias
fuerzas para levantarse, sino que necesitaba un médico para sanar (esto es, a
Dios)” (San Agustín), por esto se encarnó y vivió la Pascua para curarnos del
pecado y elevarnos con su gracia divina.
La fe cristiana católica
es una fe que obra movida por el amor verdadero, más aún, no es verdadera fe si
no se traduce en obras de bien, por esto es oportuno reflexionar y preguntarnos
que en el buen samaritano “La fe dio fruto en él mediante una buena obra.
Dios, en quien creemos, nos pide obras semejantes. Estas son las obras de amor
al prójimo. ¿Es fructuosa de veras nuestra fe?, ¿fructifica realmente en
obras buenas?, ¿está viva o, tal vez está muerta?” (San Juan Pablo II).
Los pecados que atentan directamente contra el prójimo se
llaman sociales: “es social el pecado contra el amor del prójimo, …Es
igualmente social todo pecado cometido contra la justicia en las
relaciones tanto interpersonales como en las de la persona con la sociedad, y
aun de la comunidad con la persona. Es social todo pecado cometido
contra los derechos de la persona humana, …Es social todo pecado contra
el bien común y sus exigencias, … Puede ser social el pecado de obra u
omisión por parte de dirigentes políticos, económicos y sindicales, que aun
pudiéndolo, no se empeñan con sabiduría en el mejoramiento o en la
transformación de la sociedad según las exigencias y las posibilidades del
momento histórico” (RP 15).

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