MONICIÓN AMBIENTAL
La liturgia de este
domingo, cuarto de Pascua, nos presenta a Jesucristo, Buen Pastor, que conoce,
protege y da la vida a sus ovejas, como lo palpamos en todas las lecturas de
hoy. A este Buen Pastor hemos de escuchar y seguir hasta identificarnos con Él,
viviendo una íntima comunión de Amor que nos permita ser testigos de su bondad.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y
eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de
Jesucristo, concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos,
para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de
su Pastor.
Él, que vive y reina
contigo.
PRIMERA LECTURA
M. San Lucas nos relata la
primera evangelización de los judíos en tierra gentil, pero ante el rechazo de
ellos, tanto Pablo como Bernabé deciden dirigirse a los paganos.
Lectura
del libro de los Hechos de los Apóstoles 13,14.43-52
En aquellos días, Pablo y
Bernabé prosiguieron su camino desde Perge hasta Antioquía de Pisidia, y el
sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Cuando se disolvió la
asamblea, muchos judíos y prosélitos piadosos acompañaron a Pablo y a Bernabé,
quienes siguieron exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios. El
sábado siguiente casi toda la ciudad de Antioquía acudió a oír la palabra de
Dios. Cuando los judíos vieron una concurrencia tan grande, se llenaron de
envidia y comenzaron a contradecir a Pablo con palabras injuriosas. Entonces
Pablo y Bernabé dijeron con valentía:
La palabra de Dios debía
ser predicada primero a ustedes; pero como la rechazan y no se juzgan dignos de
la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos. Así nos lo ha ordenado el Señor,
cuando dijo: Yo te he puesto como luz de los paganos, para que lleves la
salvación hasta los últimos rincones de la tierra.
Al enterarse de esto, los
paganos se regocijaron y glorificaban la palabra de Dios, y abrazaron la fe
todos aquellos que estaban destinados a la vida eterna. La palabra de Dios se iba
propagando por toda la región. Pero los judíos azuzaron a las mujeres devotas
de la alta sociedad y a los ciudadanos principales, y provocaron una
persecución contra Pablo y Bernabé, hasta expulsarlos de su territorio.
Pablo y Bernabé se
sacudieron el polvo de los pies, como señal de protesta, y se marcharon a
Iconio, mientras los discípulos se quedaron llenos de alegría y del Espíritu
Santo.
Palabra de Dios
SALMO RESPONSORIAL Sal
99,2-3.5
M. Con el salmista
reconocemos la divinidad de Jesucristo y que le pertenecemos como su nuevo pueblo,
digamos: El Señor es nuestro Dios y
nosotros su pueblo. Aleluya.
Alabemos a Dios todos los
hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo.
Reconozcamos que el Señor
es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su
rebaño.
Porque el Señor es bueno,
bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba.
SEGUNDA LECTURA
M. San Juan nos relata una
visión sobre una incontable muchedumbre. Son los testigos de Jesucristo que han
lavado y blanqueado su túnica en la sangre de Cristo-Cordero.
Lectura
del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan
7,9.14-17
Yo, Juan, vi una
muchedumbre tan grande, que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las
naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. Todos estaban de pie, delante
del trono y del Cordero; iban vestidos con una túnica blanca y llevaban palmas
en las manos.
Uno de los ancianos que
estaban junto al trono, me dijo: Estos son los que han pasado por la gran
persecución y han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero. Por
esto están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su templo, y el que
está sentado en el trono los protegerá continuamente. Ya no sufrirán hambre ni
sed, no los quemará el sol ni los agotará el calor. Porque el Cordero, que está
en el trono, será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la vida y
Dios enjugará de sus ojos toda lágrima.
Palabra de Dios.
M. En el Evangelio de san
Juan escucharemos cómo Jesucristo conoce, protege y da la vida eterna a sus
ovejas, quienes escuchan su voz y lo siguen.
EVANGELIO
Aleluya, aleluya.
Yo Soy el buen Pastor,
dice el Señor; yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
+Lectura del santo Evangelio según san Juan 10,27-30
En aquel tiempo, Jesús
dijo a los judíos: Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me
siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de
mi mano. Me las ha dado mi Padre y él es superior a todos, y nadie puede
arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno.
Palabra del Señor.
ORACION
DE LOS FIELES
Pidamos a Dios que el poder de Jesús Resucitado se
manifieste en su Iglesia, y en cuanto hoy queremos pedirle con fe. Digamos
juntos: Te lo pedimos, Señor.
Por la Iglesia: para que en este tiempo de gozo pueda reconocer
en sus pastores la presencia viva y misteriosa de Cristo, único Pastor
universal. Oremos. Te lo pedimos, Señor.
Por todos los sacerdotes y consagrados, por aquellos a quienes
se les confía el anuncio del Evangelio: para que transmitan el mensaje
liberador de Jesús desde un compromiso radical con la verdad. Oremos. Te
lo pedimos, Señor.
Por los jóvenes: para que el Señor les dé
generosidad para seguirlo. Oremos. Te lo pedimos, Señor.
Por los que sufren: para que Jesús los conforte y alivie. Oremos. Te
lo pedimos, Señor.
Por nosotros y por nuestros familiares y amigos: para que la
vida de Jesús se manifieste en las nuestras y demos gloria al Dios que nos
salva. Oremos. Te lo pedimos, Señor.
Tú que eres el Buen Pastor y el guía de tu Iglesia, Tú que
diste tu vida para que nosotros la tuviéramos en abundancia, escucha nuestras
oraciones y no permitas que nos
apartemos de tu redil. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor, que la
celebración de estos misterios pascuales nos llene siempre de alegría y que la
actualización repetida de nuestra redención sea para nosotros fuente de gozo
incesante.
Por Jesucristo nuestro
Señor.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN
Ha resucitado el buen
Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Pastor bueno, vela con
solicitud sobre nosotros y haz que el rebaño adquirido por la sangre de tu Hijo
pueda gozar eternamente de las verdes praderas de tu reino.
Por Jesucristo nuestro
Señor.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
CEC 754, 764, 2665: Cristo, pastor de las ovejas y puerta del
corral
CEC 553, 857, 861, 881, 896, 1558, 1561, 1568, 1574: el Papa y
los obispos como pastores
CEC 874, 1120, 1465, 1536, 1548-1551, 1564, 2179, 2686: los
presbíteros como pastores
CEC 60, 442, 543, 674, 724, 755, 775, 781: la Iglesia está
compuesta de judíos y gentiles
CEC 957, 1138, 1173, 2473-2474: la comunión
con los mártires
754
"La Iglesia, en efecto, es el redil cuya puerta única y necesaria
es Cristo (JN 10,1-10). Es también el rebaño cuy pastor será el mismo
Dios, como él mismo anunció (cf. Is 40,11 EZ 34,11-31). Aunque son
pastores humanos quienes gobiernan a las ovejas, sin embargo es Cristo mismo el
que sin cesar las guía y alimenta; El, el Buen Pastor y Cabeza de los pastores
(cf. Jn 10,11 1P 5,4), que dio su vida por las ovejas (cf. Jn
10,11-15)".
764
"Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en
la presencia de Cristo" (LG 5). Acoger la palabra de Jesús es
acoger "el Reino" (ibid.). El germen y el comienzo del Reino son el
"pequeño rebaño" (LC 12,32), de los que Jesús ha venido a
convocar en torno suyo y de los que él mismo es el pastor (cf. Mt 10,16 MT
26,31 JN 10,1-21). Constituyen la verdadera familia de Jesús (cf. Mt
12,49). A los que reunió así en torno suyo, les enseñó no sólo una nueva
"manera de obrar", sino también una oración propia (cf. Mt 5-6).
2473 El martirio es el supremo testimonio de la verdad de
la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio
de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da
testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte
mediante un acto de fortaleza. ‘Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me
será dado llegar a Dios’ (S. Ignacio de Antioquía, RM 4,1).
2474 Con el más
exquisito cuidado, la Iglesia ha recogido los recuerdos de quienes llegaron
hasta el extremo para dar testimonio de su fe. Son las actas de los Mártires,
que constituyen los archivos de la Verdad escritos con letras de sangre:
No me servirá nada de los atractivos del mundo ni de los
reinos de este siglo. Es mejor para mí morir (para unirme) a Cristo Jesús que
reinar hasta los confines de la tierra. Es a El a quien busco, a quien murió
por nosotros. A El quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se
acerca... [S. Ignacio de Antioquía, Rom. 6, 1-2).
Te
bendigo por haberme juzgado digno de este día y esta hora, digno de ser contado
en el número de tus mártires... Has cumplido tu promesa, Dios de la fidelidad y
de la verdad. Por esta gracia y por todo te alabo, te bendigo, te glorifico por
el eterno y celestial Sumo Sacerdote, Jesucristo, tu Hijo amado. Por El, que
está contigo y con el Espíritu, te sea dada gloria ahora y en los siglos
venideros. Amén. (S. Policarpo, mart. 14, 2-3).
2665
La oración de la Iglesia, alimentada por la palabra de Dios y por la
celebración de la liturgia, nos enseña a orar al Señor Jesús. Aunque esté
dirigida sobre todo al Padre, en todas las tradiciones litúrgicas incluye
formas de oración dirigidas a Cristo. Algunos salmos, según su actualización en
la Oración de la Iglesia, y el Nuevo Testamento ponen en nuestros labios y
gravan en nuestros corazones las invocaciones de esta oración a Cristo: Hijo de
Dios, Verbo de Dios, Señor, Salvador, Cordero de Dios, Rey, Hijo amado, Hijo de
la Virgen, Buen Pastor, Vida nuestra, nuestra Luz, nuestra Esperanza,
Resurrección nuestra, Amigo de los hombres...
HERMENÉUTICA DE LA FE
Vínculos literarios de las lecturas
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Hch 13,49-52
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Ap 7,14-15
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Jn 10,27-28
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La palabra de Dios se iba
propagando por toda la región. Pero los judíos azuzaron a las mujeres devotas
de la alta sociedad y a los ciudadanos principales, y provocaron una
persecución contra Pablo y Bernabé, hasta expulsarlos de su territorio.
Pablo y Bernabé se sacudieron el
polvo de los pies, como señal de protesta, y se marcharon a Iconio, mientras
los discípulos se quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.
|
Estos
son los que han pasado por la gran persecución y han lavado y blanqueado su
túnica con la sangre del Cordero. Por esto están ante el trono de Dios y le
sirven día y noche en su templo, y el que está sentado en el trono los
protegerá continuamente.
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Mis
ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida
eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano.
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“La densidad teológica del breve pasaje evangélico que acaba
de proclamarse nos ayuda a percibir mejor el sentido y el valor de esta solemne
celebración. Jesús habla de sí como del buen Pastor que da la vida eterna a sus
ovejas (cf. Jn 10,28). La imagen del pastor está muy arraigada en el
Antiguo Testamento y es muy utilizada en
la tradición cristiana. Los profetas atribuyen el título de "pastor de
Israel" al futuro descendiente de David; por tanto, posee una indudable
importancia mesiánica (cf. Ez 34,23). Jesús es el verdadero pastor de
Israel porque es el Hijo del hombre, que quiso compartir la condición de los
seres humanos para darles la vida nueva y conducirlos a la salvación. Al
término "pastor" el evangelista añade significativamente el adjetivo kalós,
hermoso, que utiliza únicamente con referencia a Jesús y a su misión. También
en el relato de las bodas de Caná el adjetivo kalós se emplea dos veces
aplicado al vino ofrecido por Jesús, y es fácil ver en él el símbolo del vino bueno
de los tiempos mesiánicos (cf. Jn 2,10).
"Yo les doy (a mis ovejas) la vida eterna y no
perecerán jamás" (Jn 10,28). Así afirma Jesús, que poco antes había
dicho: "El buen pastor da su vida
por las ovejas" (cf. Jn 10,11). San Juan utiliza el verbo tithénai,
ofrecer, que repite en los versículos siguientes (Jn 10,15 10,17 10,18);
encontramos este mismo verbo en el relato de la última Cena, cuando Jesús
"se quitó" sus vestidos y después los "volvió a tomar" (cf.
Jn 13,4 13,12). Está claro que de este modo se quiere afirmar que el
Redentor dispone con absoluta libertad de su vida, de manera que puede darla y
luego recobrarla libremente.
Cristo
es el verdadero buen Pastor que dio su vida por las ovejas —por nosotros—,
inmolándose en la cruz. Conoce a sus ovejas y sus ovejas lo conocen a él, como
el Padre lo conoce y él conoce al Padre (cf. Jn 10,14-15). No se trata
de mero conocimiento intelectual, sino de una relación personal profunda; un
conocimiento del corazón, propio de quien ama y de quien es amado; de quien es
fiel y de quien sabe que, a su vez, puede fiarse; un conocimiento de amor, en
virtud del cual el Pastor invita a los suyos a seguirlo, y que se manifiesta
plenamente en el don que les hace de la vida eterna (cf. Jn 10,27-28).
"Jesús sabe que el Padre está siempre con él (cf. Jn
8,29); que ambos son uno (cf. Jn 10,30). Sabe que su propia muerte
debe ser un "bautismo", es decir, una "inmersión" en el
amor de Dios (cf. Lc 12,50) y sale a su encuentro seguro de que el Padre
realizará en él la antigua profecía que hemos escuchado hoy en la primera
lectura bíblica: "Dentro de dos días nos dará la vida, al tercer día nos
hará resurgir y en su presencia viviremos" (Os 6,2). Este oráculo
del profeta Oseas se refiere al pueblo de Israel y expresa la confianza en la
ayuda del Señor: una confianza que a veces el pueblo, por desgracia, desmintió
por inconstancia y superficialidad, llegando incluso a abusar de la
benevolencia divina.
En cambio, en la Persona de Jesús, el amor a Dios Padre se
hace plenamente sincero, auténtico y fiel. Él asume en sí la realidad del
antiguo Israel y la lleva a su pleno cumplimiento. El "nosotros" del
pueblo se concentra en el "yo" de Jesús, especialmente en sus
repetidos anuncios de la pasión, muerte y resurrección, cuando revela abiertamente
a los discípulos lo que le espera en
Jerusalén: deberá ser rechazado por los jefes, arrestado, condenado a muerte y
crucificado, y al tercer día resucitar (cf. Mt 16,21).
Esta singular confianza de Cristo pasó a nosotros mediante
el don del Espíritu Santo a la Iglesia, del que hemos participado con el
sacramento del bautismo. El "yo" de Jesús se convierte en un nuevo
"nosotros", el "nosotros" de su Iglesia, cuando se
comunica a los que son incorporados a él en el bautismo. Y esa identificación
se refuerza en los que, por una especial llamada del Señor, han sido
configurados a él en el Orden sagrado.
El
salmo responsorial ha puesto en nuestros labios el anhelo apremiante de un
levita que, lejos de Jerusalén y del templo, desea volver a él para estar de
nuevo en la presencia del Señor (cf. Ps 41,1-3). "Mi alma tiene sed
de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?" (Ps
41,3). Esta sed contiene una verdad que no traiciona, una esperanza que no
defrauda. Es una sed que, incluso en medio de la noche más oscura, ilumina el
camino hacia el manantial de la vida, como cantó con frases admirables san Juan
de la Cruz” (Benedicto XVI).

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